El que vive enamorado delira, a menudo se lamenta, siempre suspira, y no habla sino de morir.
Pero que tan idiota puede ser uno, como para pensar así.
La pregunta es clara, la respuesta oscura y la solución mentirosa.
¿Cómo seguimos con este poema?
martes, 1 de junio de 2010
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